poésie d'action

Ramiro Oviedo

A Serge Pey, poeta de pie

Antes de ser pie, el pye era Pey.

Mucho antes fue Dionisios nietzscheano
proveniente de Nysa.
Dios de metamorfosis. Hermético.
Intocable. Desconcertante. Prófugo.
Pero ante todo, nuevo.

Ahora
es el poeta que viene a quedarse
después de su doble nacimiento.

Desde el nacimiento del Mediterráneo
las danzas de las bacantes
como las danzas rituales de los derviches
viven en sus pies.

Mirad sus movimientos convulsivos y espasmódicos.
Mirad la flexión de su cuerpo
los gestos de la nuca cuando grita
aquel aire de vuelo
que se le ve en los ojos
al momento del trance.

Pey
poeta importado
hijo de españoles, enamorado de latinoamérica,
no acaba jamás de nacer
no termina nunca de morir.

La última vez que resucitó
fue en México, después del terremoto del  peyote.

Entonces se llamó yautahupa
hombre taladro con plumas en el pecho
hacedor de la conciencia colectiva.

Para cambiarle de zapatos a la poesía
tuvo que reventarle al Uno
al Yo.
Por eso ahora es Juan
Carmen
José Amelino
O Martín Elizondo
O cualquier hombre- toro de domingo
Como vos
Como yo en esta arena
donde todos los días son domingos.

Si es cierto, como dices,
que el poema cuando habla  tiene un dios en los pies
porque el poema se hace con los pies
debemos convenir
que el tuyo es una antena parabólica
una vedette parlante
tropezando en tu  lengua
para fundar el ojo.

Tu poema es el Cigala
cantando flamencos
a la cubana
dedicándole el Nierika a Henri Michaux
a Artaud
y al pueblo huitchole.

Cierto.
El mundo es un tambor en el sur de tu pie
en cambio  mi pie ateo se refugia en la boca
como única salida de emergencia.

Mi  pata
sólo puede escarbar  las huellas de tu  lengua
intentando copiarle los latidos
a tu pata mundial.

Pye Pey
únicamente uno.
Sin siamés.

Hay quienes nacemos con una piedra en el zapato.
Otros como tú
nacen con una  piedra en la cabeza
y tienen que peinarse con sandalias
para hallar el camino que les brota en la sien.

(¿ cómo romper el círculo de Galileo,
cómo atrapar la elipsis,
cómo fundar la kábala ?)

Del  pasquín al poema hay un rumor de distancia que se corta.
Del graffiti al poema hay un libro que se tritura y una frase que resulta ilesa.
Del libro al bastón,
de la lectura al trance,
el pie gitano mira, compara, lee,
destruye, mezcla y rehace la  piedra de la lengua.

Haciendo honor a su nombre
el pie no se sienta nunca.

El pie no sirve para descansar.
Al contrario
Puede ser un obturador de tomates
convertidos en bombas de fragmentación masiva.

Es un cable eléctrico
intentanto sujetarle por la pata a un toro desbocado
Escupe movimientos y  silencios.
La gente conectada al imán de esta fuerza
respira al compás de la boca del toro
transpira, exhala, aspira
y participa en el « misterio de la creación simbólica »

Así
el poeta halla otro pie que empata con su boca

Territorio de amigos  y  enemigos vitales
perforado por una lengua de tres puntas
el mundo  deja ver la carne,
el hueso,
la sal de la lágrima del perro domiciliado en el árbol.

La una filosofa
la otra combate
la tercera  inventa.
La trinidad se instala en la pata de Dios.

Banquete platónico, esta poesía
reinventa el diálogo secreto
entre el dueño del pie y sus ancestros.
De Esquilo a Artaud. Todos viven allí.
Cada uno, una estación del tren de las ideas.
Porque no se llega en ascensor
a la poesía.

Tribunal popular, a rajatabla,
la poesía de pie es también el ajuste de cuentas
a los Somoza, a los Pinochet,
los fascismos y  las inquisiciones.
Allí
Los burócratas del pensamiento,
los mercachifles del sueño,
los inspectores de impuestos de la eternidad
pasan por las armas de la poesía.

La tribu íntima también está.
El padre y el mar.
Las tripas del lector agarrándose al ojo para evitar el llanto.
Los hijos, espejos paridores  de sueños con estirpe.
Desde la venganza del escarabajo
hasta la victoria, siempre.
O los amigos
inmortales,
Jiri Volf, Yves Le Pellec, Adriano Spátola.

Porque la justeza del pie es la justeza de la memoria.
La puntería del ojo para leer las líneas de la tierra
el exceso de memoria o el exceso de olvido
o la miopía.

Despejando la bruma del futuro
el pie es un taladro con guantes de operar.

De Filomele a la golondrina
de Filomele al Inkarri del Tahuantinsuyo
o al  retorno de Wirakocha y de Quetzacoalt
el pie registra las pulsiones
el zaj-zac del Popol-Vuh
el dum-dum del Chilam-Balam.

Cuando la neblina se diluye
y la transpiración se vuelve líquida
las vocales y las consonantes regadas  por el suelo
todavía acostadas
siguen danzando al ritmo del pie que las gobierna.
Cuando éste se calla, aquéstas  se incorporan
y se ponen de pie para aplaudirle

Ya sé que todo  poeta se basta por sí solo,
sobre todo vos.
No obstante, este ditirambo quiere ser  también un ejercicio de legítima defensa de la poesía
contra los gerentes del poema y sus alrededores,
a quienes nos complace comunicar  el trágico deceso
de la que en vida fue
la vieja universidad francesa,
hija de Compte y de Descartes,
a la vez  que anunciamos el nacimiento de la universidad,
que en prueba de lucidez y sin ninguna cobardía intelectual
abre sus puertas al poeta nuevo,
acto cívico acaecido en Niza, en la primavera del año 2004.

Porque estamos en La Internacional del Ritmo
no en  el jolgorio de los asalariados del ritmo.
Y esta no es una clase de literatura
ni una capilla de canónigos de nada
ni  la sala de autopsias del poema
y menos  la ponencia de un típico coloquio de parásitos
chupándole la sangre al fakir metafísico
que llamamos poeta
sino el Acta de Fundación  de La Nueva Poética
que inaugura el milenio.

No hay lupa retórica que valga para leer al poeta de pie
ni ojo estilístico
ni poética afin en el mercado
que no sea  la propia diablería poética
propuesta por él mismo : La Peyética.
O sea el arte de rebasar la escritura apoyándose en un pacto con el otro.
Pacto nada prefabricado
sino que se funda en el instante mismo en que el pie traza un hueco
y luego otro y otro
para soldarlos después con esa extraña comezón que se instaura
en nuestra conciencia
en nuestro pobre vientre
rehenes ambos de un pie del otro mundo.

Que quede claro :
este pie nada tiene que ver
con el ejército de vanidosos lloriqueantes solitarios
autocompadecidos pequeño-burgueses a contravoluntad poetas  bendecidos
del banco mundial de la poesía.

La Ars Peyétique
se basa en el pie y en la boca
– metro y palabra-
No en la regla
sino en el compás y las redes que teje.
Ahi el pie dice la imposibilidad de decir,
de Mallarmé

El poeta de pie es anti-escritor.
-Diablo lector de símbolos del mundo-
aunque éste se rehúse obstinadamente a colaborar.
El pie no miente y casi siempre dice no.

El pie es filósofo-artista Nietzscheano.
El pie acuchilla la lengua, no la traduce.
El pie re-inventa la lengua
hasta dejarla flameando
en la historia de la poesía universal
en forma de pregunta.
Para ello utiliza bastones, chispas, tomates,  fax,
diarios de viaje, cuchillos, comunicados, manifiestos,
marchas y hasta gallos pelados.

El pye no toca armónica sino el tambor del mundo.
El pie es un taladro que calza 40
y su alma es el arma del pie
contra todas las traiciones de la razón
de la técnica
y del mercado neoliberal.

El poeta de pie
no es ni comprometido ni casado, pero tampoco es neutro.
A los críticos reduccionistas que lo encasillan en la poesía social
se les hace saber que esta poesía de combate
dispone de un arsenal de complejidades que rebasan la estética
y que mejor harían en ponerse a estudiar la kábala
y las claves de la alquimia.

La metahistoria
ese enorme paratexto  sobre tus  peripecias vitales
que se va construyendo en el libro de  Richard Meier
se va diluyendo para ser el texto,
sin más,
dando cuenta de tus pasos por la tierra
con referencias, ecos  tatuados en bastones, fragmento de agua-sol
crucigramas rotundos, martilleantes, vitalistas,
como tu propio cuerpo vuelto significante,
autor y personaje: uno solo
en  la exaltación gozosa de una corporeidad que no desdice a la palabra
sino que la confirma:
« Todo poema es una manera de vivir el mundo »

Entonces
el pie se convierte en el espacio cero del hombre
que puede conectar  naturaleza y sociedad ,
naturaleza y cultura,
hombre e historia.

A falta de  pueblo, la palabra teje la patria.
La eclosión desemboca en catarata verbal,
tensión-emoción que  le sirve al poeta para dejarnos ver.
Ver significa extender el campo de percepción
para evaluar la esencia de cada cosa y no las apariencias.
Ver es una epifanía
una revelación:
cuando el pie se levanta
el poeta es un significante que se incrusta en el ojo.
Cuando el pie se levanta
El poeta es veredicto y sentencia,
a respetable distancia de nuestra propia voz.
El poeta es poeta, no un gurú.

Sus actos de palabra
surten el mismo efecto que el acto curador del chamán  de los Andes.
Este toma el ushai de la planta, el alma de la planta,
y frota mi cuerpo a ramalazos de flores y palabras.
A veces toma un cuy y le hace pasear  de pies a cabeza  por mi cuerpo.

El animal
absorbiendo con sus patas todo lo mórbido que encuentra
me deja como nuevo.

Ver a Pey  en sus ritos palábricos de conexión al cosmos
oir a Pey en sus trances eléctricos
es  un baño verbal
un electrochok
a base de emanaciones de luz

Cuidado
no se confunda esto con una caricia al poema vivo
como si fuera un perrito de compañía.
Nada más peligroso que un poema lúcido mordido por la rabia.

Rabia, mordedura social
bocado de la historia
inevitables en un pie curioso.
Rabia oportuna para evitar el crimen o su repetición.

Empatando su rabia a la rabia del pie
el poema agrede y hace daño
voluptuosamente
estrepitósamente
y como buen sonero
baila al son que él mismo se toca.
He ahí el compromiso
del poeta del pie

El territorio del pie es el espacio sonoro.
El ruido es hermano siamés del movimiento
por eso recupera el sonido primordial
el chac chaj del chaj chaj chaj
música desaparecida
como  cualquier compañera chilena o argentina.

La gama de sonidos del poeta de pie
es igual a los 40 000 muertos de la nicaragua antisomocista
y rebasa de lejos la cifra de desaparecidos chilenos, argentinos o  uruguayos.

El  chaj chaj chaj  del pie
dispone de un umbral de tolerancia sonora
proporcional a la calidad de la oreja despierta
por eso es importante
propiciar una cultura sensible del oído
para que no sea sordo al sentido de la historia.
Historia que está ahí
tatuándose en el piso
hasta trazar un hueco paridor.
Luego vendrá la comezón en el ombligo
el rayo en la razón.

Cada chaj  del poeta, como un reloj interno,
cada  silencio del pie en el telón de fondo,
posee un carácter, un ritmo, una biografía
en el espacio social donde se  fundan.

Porque no es igual abofetear el piso de una estación de trenes
que trazar una marcha en Montesegur
o un ritual de venganza en la tumba de Bretón.
Además
el pie cambia de voz de lunes a domingo
el pie cantor del gallo
no es el mismo del chaj de los crepúsculos
del chaj del martillazo, del hacha o de la puerta
del chaj varón que suena y que resuena
pese a haber sido amenazado de muerte.

La voz de la campana
ya no es la voz de dios
sino  del medium hijo de Hölderlin
leyendo el diccionario de símbolos del mundo
proponiendo en voz alta un proceso identitario.

Un soplo del artista puede crear la vida,
si le lleva la mímesis al borde del abismo.
He ahí el compromiso del poeta de pie

La música del pie designa a Pey
marcando una zona de la poesía primordial
donde es factible a punte puntapie clavar el clavo de la memoria
Es ahí donde se asienta su potencia simbólica.

Este pie no pide limosna ni popularidad
al contrario  echa a tierra el cuerno de la abundancia
el oro que le ofrecen
la plata para engordar la banca.
Por eso en el 86 retira su candidatura al premio Antonin Artaud
pero asiste a la ceremonia con una performance de guerra.

El pie, hijo íntimo de Breton
imperial y provocador
decreta la poesía como como verdad suprema
por eso el poeta del pie
es poeta de todos, no poeta del pueblo.
y su huella es una huella única en la imaginación de sus contemporáneos.

Pobre Bretón.
Si  supieras lo que han hecho con tu oro surrealista.

Los que tienen la cabeza llena de plomo,
Incapaces de captar lo humano,
el ocultismo que vive
en cada una de tus sílabas, en cada miga de tu casa,
han rematado al martillo tu fábrica de chispas.

Pero debes saber que estuvimos, tomate en mano, contigo en Batignoles
-martes  1° de abril, a mediodía-  convocados por el Toro Pey.
Y te puedo decir que después del ofertorio
cada manzana de oro que reventaba en los pies del toro de Toulouse
era un verso de sangre
chorreando a borbotones
por la marmórea yugular de los paraísos fiscales.

Y como buen bandido
el pie es justo
he ahí el compromiso del poeta de pie.

El pie es un historiador de la cultura
que practica la arqueología prehistórica o étnica
o la  historia económica.
El  pie es una síntesis del mundo

El pie hurga
desteje y teje mitos.

El pie es una pregunta para el pie
y más que vitalista el pie es orgánico,
he ahí el compromiso  y la revolución
del pie de Serge Pey.

La obra poética era invisible
El poema  impreso se reducía a unas  manchas de tinta nadando en una página.
El poema sólo nos era visible a condición de saber reconocer esas manchas
como parte de un paisaje sonoro y de sentidos.
Ahora
para subirse al cielo de un poema
hay que bajarse a la tierra en donde vive
el poeta de pie.

El poema es invisible, el libro no.
El poema existe más alla del tiempo y del espacio
El libro pesa, es táctil.
El poema no.
El poema huele.
(Sólo Jacques Brémond hace libros que huelen).
Huele a Chiapas, Checoslovaquia, Polonia o Santiago de Chile.
Huele a tablao, a  toro, a Garona, a Isla Negra huele
A cuchillo afilado huele
después huele a humanidad en la imaginación.

El poema es único como el padre que lo parió.
Como la Joselito es sólo una, única, irrepetible;
como dieux est un chien dans les arbres
no hay dos dioses
ni dos perros
ni dos árboles.

El bastón hace visible el poema.
El bastón, que era un palo destinado a secarse
y  a lo mucho, a calentarnos las manos en invierno,
ahora es un cuerpo
una creatura
con una piel superior a la página.

El bastón es un libro ambulante
como un perro
si se le escribe un graffiti en las costillas.

(En mi país
se escriben graffitis en las costilla de los perros callejeros
y  los mensajes
circulan mejor que en  Gallimard
o el libro de bolsillo)

El perro es un semáforo que rebasa al ojo.
Patea  la conciencia.
Como el bastón, el perro es un semáforo.
El bastón, como el perro  o como el pie,
nos chupa el ojo
y a partir de ahí deja de ser lo que era
para entrar en relación con lo invisible
y convertirse en poema.

El viento es favorable.
No hay orilla visible para  esta poesía mundial
con vocación de erranza.

El demiurgo ha venido a quedarse
para siempre.